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martes, 7 de diciembre de 2010

ZAPATOS DEL SOL

H y yo vamos muy seguido a Cuernavaca por cuestiones familiares, y este fin de semana no fue la excepción. Ahora, es bien sabido que, como dicen en mi tierra, a cualquiera que ve burro se le antoja viaje, por lo que mi amiga D me encargó que fuera al “Hotel del Sol” por unos zapatos que se le olvidaron en el cuarto.

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–D -Por favor, por favor Ana, ve por mis zapatos, te lo suplico, los amo, son unas sandalias Michel Domit que, aunque están ya viejitas, son las únicas de fiesta de jardín que tengo.

-Yo- Está bien, sólo porque me caes bien y porque cuando regrese, me tendrás una lasagna bolognesa como la que prepara tu mamá.

-D- Te lo prometo, será la más deliciosa del mundo.

-Yo- Está bien.

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El “Hotel del Sol” está prácticamente del otro lado de Cuernavaca de donde siempre vamos, sin embargo, ahí vamos Cr y yo por los …ches zapatos hasta el otro lado de la ciudad. Cuando llegamos al hotel, y después de esperar a que la recepcionista terminara con su estúpida llamada de “cuelga tú, nooo cuelga tú, bueno colgamos los dos, a la una, a las dos y a las tres… no cuelga tú…” y con jeta porque le eche mis ojos de machete de campo para que colgara ella en ese momento, nos atendió.

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-Recepcionista- ¿Qué se les ofrece?

-Cr- Venimos por unos zapatos que se le quedaron olvidados a la señorita D.

-Recepcionista- Aja ¿De qué color son?

-Yo- No tengo idea, pero estaban en la habitación de la señorita D.

-Recepcionista- Pues había 12 habitaciones reservadas con en ese nombre porque vinieron a una boda, tiene que ser más específica.

-Yo- Déme un segundo –dije mientras marcaba el celular de D.

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El teléfono sonó varias veces pero contestó el buzón de voz. Intenté en su casa pero me atendió la grabadora.

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-Yo –señorita no me contesta mi amiga pero…

-Recepcionista- Mire aquí tenemos muchísmos zapatos de todos los colores, modelos y marcas, me tienen que decir cómo son.

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Cr y yo nos volteamos a ver de manera sospechosa con sonrisa de “¿estás pensando lo mismo que yo?”

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-Recepcionista- Disculpen pero ya es mi hora del almuerzo, los va a atender mi compañero –dijo señalando a su relevo, que era idéntico a Shaggy de Scooby Doo.

-Shaggy- ¿En qué puedo servirles?

-Yo- Pues aquí la señorita nos iba a llevar a ver los zapatos que tiene porque nos mandaron a recoger 3 pares (codazo de Cr) 4 pares de zapatos que se quedaron olvidados la semana pasada.

-Shaggy –Está bien, pues síganme por favor.

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Cr y yo caminamos detrás de él riéndonos como niñas que se robaron un dulce en el supermercado. Al final del pasillo había una habitación con un letrero de “Objetos Olvidados”.

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Es increíble lo que la gente puede olvidar en los hoteles, a mí por ejemplo, me llamó la atención una enorme cuna de bebé…

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-Yo -¿Pero a quién demonios se le olvida la cuna de su hijo? ¿En qué demonios están pensando?

-Cr (atacada de la risa)- Eso no es nada, ven a ver esto…

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En el rincón había una muñeca inflable tamaño natural con la boca en forma de O y la cara parecida a Angelina Jolie. Cr y yo nos doblábamos de la risa. Seguimos caminando al fondo de la habitación, mientras pasábamos por varias maletas de diferentes tamaños y colores. Finalmente llegamos al área de los zapatos.

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-Cr (murmurando) –Dios mío, creo que estoy en el cielo, pellízcame porque no lo creo.

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En la pared había un enorme estante lleno de zapatos y botas de todos los números, estilos y colores. Yo estaba un poco apenada por lo que íbamos a hacer, mis papás me educaron bien, pero… por otro lado pensé, y casi puedo jurar que TODAS estaremos de acuerdo en esto, una mujer que olvida sus Jimmy Choo, no merece tenerlos Y PUNTO. Cierto es que el Hotel del Sol es el más caro de Cuernavaca y la gente de dinero de la Ciudad de México y sus alrededores, se hospedan siempre en él. siempre se hospedan ahí, en fin…

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Shaggy se disculpó porque escuchó la campanilla de la recepción sonar. Nos dio 5 minutos para tomar los zapatos y verlo en la recepción.

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-Cr -¡5 minutos! Es muy poco tiempo para escoger, digo, para buscar.

-Yo- Shhhh, sonriamos y comencemos a buscar.

-Cr- WOW mira estos D&G son lo máximo, ¿los tendrán en 4 1/2?

-Yo- Estos Chanel están de sueño… ¡Sí! Son mi número, yo me llevo estos.

-Cr- Yo ya escogí, me llevaré estos Weitzman que son sencillamente espectaculares, vámonos de aquí antes de que nos descubran o de que me despierte, porque creo que estoy soñando.

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No me dio tiempo de buscar los dichosos zapatos Michel Domit de D, así que agarre un par de sandalias de su talla y salí corriendo tras Cr.

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Shaggy nos entregó un neceser lleno de maquillaje de marcas carísimas, que alguien de la boda olvidó. Después de abrirlo y ver su contenido aceptamos llevarlo con nosotras.

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Al día siguiente, de regreso en casa, mi amiga D fue pronta a recoger sus zapatos a primera hora.

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-Yo- Te tengo una mala y una buena noticia.

-D- ¿Cómo? Primero la mala.

-Yo- Es que no te traje tus sandalias Michel Domit porque no las encontré.

-D (cargando el platón con lasagna) –Pero que poca madre, es lo único que te he pedido en años, que mala eres, y ahí esta tu pend…ja cocinado la maldita lasagna toda la mañana y tú no me puedes traer unos simples zapatos, bla bla bla…

-Yo –Ash ya cállate y escucha, créeme que me lo vas a agradecer-. Entonces comencé a narrarle la aventura de compras en el Hotel del Sol y al ver sus nuevas (bueno casi nuevas) sandalias Louboutin, dos lágrimas salieron de sus ojos.

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-D- Son preciosas, son increíbles y me quedan como guantes. Amiga te quiero, te adoro, eres la mejor amiga del mundo, yo jamás podría comprarme unos zapatos así, son, son… Y en ese momento me abrazó como si le hubiera pedido matrimonio y me entregó el platón de lasagna, prometiéndome darme uno cada viernes por el resto del año.

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P.d. D está planeando un viaje de compras al Hotel del Sol, para ver si hay por ahí una bolsa que combine con sus nuevos zapatos usados.

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Mantra de la semana- Las buenas acciones siempre serán recompensadas, las buenas acciones siempre serán recompensadas…

martes, 30 de noviembre de 2010

CHILAQUILES TELETON

Para empezar debo decir que me tengo absolutamente prohibido ver el Teletón, porque aunque no tenga un peso partido por la mitad, acabo donando hasta los chones, ayudando a Televisa y a otras empresas millonarias a evadir impuestos.

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La última vez que vi el Teletón, estaban narrando la historia de un niño de 13 años, que llamaremos B. El era brasileño y no podía mover los brazos ni las piernas, y sin embargo, jugaba fútbol trepado en un cochecito tipo “avalancha”. B jugaba y reía con Lucerito y enseñaba algunas suertes a Marco Antonio Regil, los conductores del

Teletón.

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Su historia iba que sus padres no tuvieron dinero cuando B nació para operarlo ni rehabilitarlo, por lo que ya era demasiado tarde, pero B aprendió a vivir con su discapacidad y ahora era un niño feliz con muchos amigos, y que viajaba por todo el mundo haciendo campaña y pidiendo donativos para que otros niños nacidos con su misma discapacidad, tuvieran la oportunidad de crecer con sus brazos y piernas funcionales. Yo desde luego lloré y lloré y doné y doné hasta que me quedé dormida pensando en qué haría yo si tuviera un niño como B.

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A la mañana siguiente, bajé por un vaso de agua tipo 6am, y cuando subía las escaleras de regreso, escuche un ronquido en la sala. Yo sabía que estaba sola, por lo que mi corazón comenzó a palpitar a mil por hora. En mi cabeza comenzó una lucha de película de terror de Pedro Fernández entre voltear y no, ya saben, en el cine al idiota que voltea o al que dice “separémonos” es al primero que se echan. Peeeeeero ganó mi instinto chismenino y me di la vuelta.

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Como en una película de dimensión desconocida, B estaba plácidamente dormido en uno de los sillones, junto con su padre, que también había salido en la tele la madrugada anterior. Yo me tallé los ojos y me bebí el agua de un sorbo pues no podía creer lo que veía, sin embargo, cuando abrí los ojos, el dinosaurio todavía estaba ahí, es decir, B aún estaba ahí dormido como angelito con todo y su cochecito deslizador.

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-¡Pero… pero si ni doné tanto! –pensé desconcertada.

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Yo no quise despertarlos, sin embargo, comencé a escuchar ruido en el patio trasero, así que decidí asomarme, con suerte me encontraría al Regil en paños menores, uno nunca sabe, es cosa de los sueños; porque aún dudaba si estaba bien despierta o era uno de esos sueños donde sueñas que estás dormido soñando y que cuando despiertas aún sigues dormido hasta que suena la verdadera alarma del algún reloj.

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Pero ahí estaba vivito y coleando mí hermano, corriendo de un lado al otro del patio como pollo sin cabeza, mordiéndose las uñas y arrancándose los pelos.

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Resulta ser que mi hermano trabajaba en televisa y fue “convocado” como voluntario para asistir a los invitados del Teletón. Con tanto movimiento de estrellas y de personas con necesidades especiales, el baboso perdió la clave de confirmación del vuelo de regreso a Brasil de B y su padre y el avión los dejó. El siguiente vuelo salía hasta las 12am pero iba lleno. Mi hermano, como siempre, estaba sin un centavo, pues todo se lo gastaba (o se lo gasta, ya no sé) en alcohol y juegos de XBox, por lo que no tuvo más opción que llevarlos a la casa.

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B y su padre se morían de frío y de hambre y como mi hermano y yo vivíamos solos y no nos llevábamos nada bien, casi nunca había nada en el refri ni en la alacena. Sin embargo, al ver su cara de “tengo en mi casa a Cleto ahora donde lo meto” decidí ayudarlo.

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Yo- Tú dedícate a arreglar el vuelo y yo veo que les preparo de comer y cómo los entretengo.

Hermano- Gracias, te juro que te debo una.

Yo sonriendo y respirando hondo hondo- Me debes ya varias…

Hermano- sí, sí ok, pero ésta nunca la voy a olvidar, de verdad, gracias.

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Fui a la cocina y lo único que encontré fue una bolsa de Doritos nachos y dos botellas de salsa la Costeña (una roja y una verde) y una lata de media crema Nestlé que apenas se había vencido hacía una semana.

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Yo pensé, tortillas + salsa + crema = chilaquiles, así que vacié todos los ingredientes en una olla y cuando estuvieron calientes los serví con un poco de crema y 10 gramos de queso rallado, que habían sobrado de los sopes de la noche. El platillo quedó como para foto de menú de Sanborns.

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Todos nos sentamos a la mesa y comenzamos a atacar los chilaquiles nachos. Debo decir que indiscutiblemente son los chilaquiles más maravillosos del planeta, si Dios (y Sabritas) ya se tomaron la molestia de cortar las tortillas en triángulos perfectos, freírlas, secarlas y aderezarlas, ¿por qué no aprovecharlas? En ese momento nacieron mis ahora famosos “chilaquiles Teletón” que siempre que hago son aplaudidos y alabados.

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El desayuno estuvo genial y B y su padre se devoraron los chilaquiles. Platicamos, hermanamos, cantamos, reímos y después hasta jugué fútbol con B hasta que fue hora de que mi hermano los llevara al aeropuerto para tomar su nuevo vuelo.

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El padre de B envió una carta al jefe de mi hermano agradeciendo las “espectaculares atenciones recibidas durante su estancia en México” y el exquisito desayuno proporcionado por el voluntario F y su “encantadora hermana” (osea yo) y la asistencia en el problema del vuelo que al final, según sus palabras, resultó una desafortunada maravilla.

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Yo de mi hermano recibí un “por lo menos les hubieras puesto pollo a los chilaquiles, van a pensar que somos pobres”, pero yo estaba tan extasiada por la experiencia, que apliqué lo que acababa de aprender de B, me volví una convenenciera de la vida, solo veo, leo, escucho y guardo lo que me conviene y me hace feliz, todo lo demás lo mando a mi carpeta de SPAM interior y asunto arreglado.

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P.d. Aún conservo la taza del Teletón que me regaló B y cada vez que tomo café recuerdo ese evento con mucho cariño, maravillada de lo espectacular que es la vida y lo poquito que necesitamos para ser felices.

P.d.2. Aún dono dinero al Teletón porque siento que algo ayudará a los niños, pero definitivamente ya no veo la televisión.

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Mantra de la semana: Debo tener cuidado con lo que pido porque se puede hacer realidad, debo tener cuidado con lo que pido porque se puede hacer realidad…

martes, 23 de noviembre de 2010

EL CHIP MALDITO

Como dice mi amiga C, esto de la tecnología es recio pal campesino, y sí, resulta que estamos en la era de los chips y los passwords, nada parece funcionar sin ellos, los cajeros, los teléfonos, las computadoras, los coches, los refris y yo estoy segura que hasta el cerebro de una que otra persona… ejem… sin ofender.
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El caso es que ahora en mi gimnasio es O-B-L-I-G-A-T-O-R-I-O comprar un maldito chip de 500 pesos que se programa con el nivel de esfuerzo personal, repeticiones, alcance, nivel de grasa, peso, estatura y creo que hasta la frecuencia con que tenemos relaciones sexuales, porque sí, el sexo quema muchas calorías o por lo menos eso dicen los nutriólogos modernos que por supuesto deben de ser hombres.

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El maldito chip es un pedacito de plástico de 5 cms x 3 cms que a primera vista parece inofensivo, es más, si uno lo viera tirado en la calle ni siquiera se molestaría en recogerlo, de hecho, es casi un hecho que lo pisaríamos sin notarlo, pero… adentro del gimnasio cobra un poder insospechado, es como la criptonita de Superman, que a primera vista es nomás un pedazo de piedra verde, aunque pensandolo bien, es como los nacos de las cadenas de los antros, que en el día son seres comunes y corrientes (más corrientes que comunes diría yo) pero de noche AGARRATE, se transforman en los “Dioses de la cadena” decidiendo el futuro de los comunes mortales con la simple frase: “Tú entras pero tus amigos no” o peor, al reves; yo me imagino que así debe ser San Pedro en la puerta del cielo, un cadenero ojeis que debe de estar tan ocupado que ni siquiera tendrá tiempo de leer los currículums de las personas que están formadas esperando entrar al paraíso, seguro los deja entrar si su túnica está limpia, sus alas pachonas y su arpa afinada, en fin, yo estoy ahorrando para comprarme una túnica Chanel, por si…

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El caso es que a diferencia de los cadeneros, el chip no responde al clásico parpadeo sexy de las mujeres, no se le puede sobornar, no se le pueden regalar botellas o chocolates, ni siquiera se puede tener una conversación razonable con él, si no vienes, tienes falta y se acabó la discusión; me recuerda mucho al reloj checador de mi ex trabajo.

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Pero eso no es todo, además no deja socializar, es un tirano, en cuanto una comienza a platicar con la de junto o a bajar el nivel de esfuerzo, el maldito le anuncia al mundo por medio de un foco amarillo que se enciende flasheando como alarma de banco, que una se está haciendo güey, alertando a la instructora a venir a jalarnos la oreja y gritarnos “más arriba, más rápido, más fuerte, más ritmo, más duro, más, más, más”.

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Hace una semana que ya nadie se saluda, apenas nos miramos con un levísimo asomo de sonrisa y sudor en la frente, me pregunto, ¿qué habrá pasado con el reflujo de M? ¿Finalmente habrá servido el jugo de nopal, rábano y limón?, o si el marido de J finalmente le compró una camionetota más grande que la que le compró a su secretaria, o si F se habrá podido ligar al mesero de Play City que tanto le gusta… estos y otros asuntos vitales que se discutían ampliamente en el gimnasio, ya nunca los sabré.

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Una vez que finalmente acabamos con la rutina de ejercicios, debemos dirigirnos al cómplice número 1 del maldito chip, LA COMPUTADORA CENTRAL. En ella se inserta el chip en una ranura especial y con un bip, bip, bipppppp, avisa a todos que se están descargando los resultados del ejercicio que realizamos y que se diagraman en una silueta de mujer. Entonces el maldito chip entra en acción de nuevo, chismosa y lastimosamente; los oblicuos laterales (a saber qué demonios son esos y para qué sirven) los ejercitaste únicamente al 86% de su capacidad, el esternoscleidomastoideo izquierdo al 67.3% de su capacidad, la nalga derecha la ejercitaste al 76.5%… pues muy mis esternoscleidos y muy mis nalgas ¿que no? Allá yo si parezco payasito de semáforo, muy mi gusto.

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Me dan ganas de gritarle que el cliente soy yo y que yo pago por venir al gimnasio porque “me gusta” o porque “quiero” y que YO SOY SU AMA, pero me da vergüenza convertirme en una de esas locas vagabundas que andan por ahí hablando solas o gritándole a los árboles y a los pájaros vestida con pantuflas y calcetines envuelta en una bata rosa que en algún tiempo fue pachoncita… Lo cierto es que estoy segura de que en algunos años los vagabundos y vagabundas callejeras del mundo le gritarán a los chips imaginarios y se negaran a darles su password a los enemigos inexistentes con los que ahora pelean.

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Yo por lo pronto haré una página de Facebook que diga: Todos los que estén en contra de que los chips gobiernen al mundo y a nuestros traseros, digan me gusta, y pensaré firmemente en cambiarme de gimnasio a uno menos tecnológico, dónde le puedas decir a la instructora que te torciste el tobillo por culpa de los nuevos y fabulosos tacones Prada (cuando en realidad tienes una cruda de tu tamaño) y cómo te entiende perfectamente, te de chance de no hacer sentadillas o que te de recomendaciones de cómo bajar de peso con la dieta del melón, la pechuga de codorniz o la orinoterapia… En fin…

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Mantra de la semana: Por mi estabilidad emocional, sólo debo acercarme a los chips de Barcel, por mi estabilidad emocional sólo debo acercarme a los chips de Barcel…