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martes, 21 de diciembre de 2010

RITUALES DE AÑO NUEVO.

Ya sé que apenas será Navidad, pero como éste es el último blog del año pues me voy de vacaciones, no sé si merecidas pero sí deseadas, les comparto rápidamente los rituales de año nuevo que realiza mi familia. La verdad es que nunca nos ha faltado nada, por lo que mi parte supersticiosa sigue aceptando hacerlos año con año, y cómo siempre hay nuevos invitados a la cena que traen sus propios rituales, aquello se convierte en una sesión espiritista-vudu-católica-budista-chamana-tarotista-sufi-mística uffff que bueno....
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1- Comprar el Vanidades Horóscopos. Mucho cuidado porque siempre venden uno antes que dice "predicciones" y nos podemos ir con la finta. A mí en lo personal, las predicciones me valen madres pues hablan de política, de la vida de celebridades, de países lejanos... y como uno de mis mantras es: Si no fue ayer, no me acuerdo y si pasó a más de 100 kilómetros, no me importa, pues... sugiero no comprarlo. El siguiente número es el de HOROSCOPOS y es el bueno.
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2-Comprar el libro de predicciones de Giovannita. Fijarse bien que sea el de Giovannita, ¡hay taaaantos charlatanes! Esto tiene el fin de corroborar las predicciones del Vanidades que casi siempre son acertadas, pero si no nos gustan mucho, Giovannita siempre tiene algo bueno que decir y podemos escoger a cuál irle.
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3-Las dichosas uvas. No tengo idea de a quién se le ocurrió la brillante idea de que atragantarse 12 uvas tamaño jumbo, una con cada campanada, osea 12, te da buena fortuna. Yo casi nunca paso de la 4, así que relájense y métanse las que les quepan nomas, acuérdense que viene la cena, o hagan lo que yo, empínense una copa llenita de vino, que al fin y al cabo ¿son uvas no?
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4-Debemos juntar 13 monedas. Dicen que no importa la denominación, pero el universo luego es medio cabroncito, así es que yo junto de a 5 y de a 10. Justo después de las uvas (o vino) hay que salir a aventar las 13 monedas a la calle, en todas direcciones y lo más lejos posible, sin recogerlas. Dicen que esto atrae la abundancia porque todo lo que uno da, regresa multiplicado. Ojo, tengan cuidado en donde las avientan, porque después del hidalgo del vino o uvas, en mi familia han habido algunos descalabrados.
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5-Salir corriendo a la esquina con una maleta y un traje de baño. Se supone que esto atrae los viajes y si se le ponen un traje de baño dentro, los viajes serán de placer. A mi me da igual si son de placer, de negocios, de invitación o por compromiso, viajar es mi onda, así que yo pongo en la maleta mi Blackberry, un traje de baño, una agenda, una bufanda y mis sandalias Gucci. Una nunca sabe.
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6-Romper una olla de barro. Una vez rota, se debe recoger un pequeño pedazo de la olla que se guarda en la cartera todo el año. No sean abariciosos, agarren uno pequeño que la intención es lo que cuenta, no les vaya a pasar como a mi amigo P que se metió tremendo trozo en la cartera y al día siguiente que quiso pagar unas medicinas se rebanó el dedo, haciendo un desastre de sangre y gritos en la farmacia.
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7-Agarrar un puño de lentejas y poner unas cuantas en cada rincón de la casa. Sugiero omitir el baño porque alguna vez paso, que las dichosas lentejas germinaron en la regadera y en un huequito del azulejo y sacarlas fue una odisea.
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8-Barrer la entrada de la casa. De adentro hacia afuera para sacar las malas vibras. Si la cena es en tu casa, sugiero que barras también antes de que lleguen los invitados, esto para evitar que a la hora del ritual, quedes en evidencia sacando toneladas y toneladas de polvo porque no has barrido en días.
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9-Amarrarse un liston delgado en la mano izquiera de color rojo para el amor, amarillo para la abundancia y violeta para la buena vibra. Estos deberán permanecer amarrados a tu muñeca hasta que se caigan solos, por lo que sugiero que los compres delgados como hilos o vas a parecer pandero de estudiantina.
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10- Cenar sopita de lentejas, aunque sea una cucharada para el dinero. Honestamente desperdiciar un huequito del estómago en lentejas, habiendo pavo, romeritos, bacalao, puré, ensalada de manzana, 3 postres diferentes y mucho vino, me parece infame, pero todo sea por la lana.
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11-Hacer lista de propósitos de año nuevo. Ojo, el hecho de hacer la lista, no significa que automáticamente perderemos 15 kilos, conseguiremos un mejor trabajo o tendremos novi@, quiere decir que debemos levantar el trasero y trabajar en ello. La lista sola no funciona, créanmelo, se los digo por experiencia.
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12-Al final de la cena, hacemos el clásico juego de los regalos de broma. Esto es, cada invitado debe llevar envuelto algún regalo de broma. Se tiran los dados y el que le caiga par, va escogiendo el que más le guste o el que cree que será menos peor. Sugiero no dejarse llevar por las envolturas, generalmente el más grande es el peor. Una vez que cada invitado tiene un regalo, se hacen 5 rondas más. Cada quien tira los dados y si cae par, tienes derecho a intercambiar regalo con quien quieras. Al final de las 5 rondas, se abren los regalos y listo. Se vale de todo, han habido vibradores (muy peleados por cierto), shampoos de princesas, un reloj de plástico con la última cena, dos mandarinas y un tubo de galletas Marías envueltos sugestivamente (muy peleado tambien), unas pantuflas de Air France, un calendario porno, una mamila con vodka, un par de calcetines del América, etc.
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Bueno, esto en resumidas cuentas, es lo que hacemos en año nuevo, por lo que la fiesta dura hasta las 4 ó 5 de la mañana. Te lo comparto con mucho gusto esperando que el 2011 esté lleno de vino y risas, cual debe de ser.
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Si tienes un ritual que te ha funcionado, no seas gacho y compártelo o serán 7 años sin sexo.
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Que tengas una Feliz Navidad y un espectacular 2011. Que tus sueños dejen de serlo y se conviertan en realidad, que tengas por lo menos un amigo más, un billete más, una alegría más, una meta más, una esperanza más y una sonrisa más.
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Un abrazo y nos vemos después de Reyes!!!!
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P.d. No hay mantra, porque estoy un poco cruda, pero si lo hubiera sería algo como "En Diciembre, la harina, el azucar y el vino no engordan, no dejes que te limiten"

martes, 14 de diciembre de 2010

OPERACIÓN PRINCESA

Desde que era muy chica, mis padres y mi hermano sabían que algo estaba raro en mí, ya que desde antes de aprender a caminar, me la pasaba gateando por la casa buscando bronca donde pudiera encontrarla, incluso hay una película de 8mm donde mi hermano quiso agarrar uno de mis juguetes en navidad y yo sencillamente levanté mi andadera, caminé hacia él, le propiné tremendo madrazo con su juego de química Mi alegría y regresé a mi posición de “angelita en entrenamiento” con biberón y todo.

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En Disneylandia me detuvieron unos minutos en una oficina, porque le di un tremendo patadón al zorro de Robin Hood porque sólo le quedaban dos paletas y era mi turno en la fila, pero igual el maldito zorro se las dio a otros niños sólo porque estaban llorando. En ese momento entendí que la vida no es justa, y que había que aprender a luchar por que nos corresponde, que a esa edad, se traducía en doble bola de helado, 5 minutos más de dormir y regalos tan grandes como los de mi hermano.

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El caso es que yo siempre jugaba con los niños del edificio canicas, escondidillas y competíamos por quien llegaba más rápido y con menos moretones a la parte baja de una empinadísima banqueta que llamábamos Chapultepec.

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Mis fiestas de cumpleaños también eran peculiares, pues como toda fiesta infantil tenía un tema, pero a diferencia de toda fiesta infantil, los míos eran por decirlo menos, peculiares. Una fue con temática del Ecoloco, yo por supuesto hice que mi abuelita me confeccionara un disfraz morado idéntico con todo y gorro puntiagudo; en otra, todos debían ir de las brujas de los cuentos, y de hecho, organice un botín contra una compañera de la escuela que oso ir vestida de Cenicienta, entonces todas las brujas destrozamos su vestido y la lanzamos a la alberca de espuma.

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Esto despertó una alarma en mis tías quienes creyeron que yo no sólo era marimacha, sino que tal vez tenía tendencias lésbicas, que en esos tiempos (odio decir eso porque no fue hace taaaaaanto tiempo), no era aceptado el derecho de todo ser humano de tomar partido por lo que mejor le parezca, y me refiero a partido político, religioso, de fútbol, sexual, etc. Por ese motivo, comenzó en mi familia la “operación princesa”.

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Desde ese día en adelante toda mi ropa sufrió una mutación de color, de repente todos mis regalos y suéteres eran color rosa y con flores o pajaritos. Debo decir que la ropa era rosa sólo el día en que la estrenaba, porque pasadas 2 horas volvía a tornarse gris o café dependiendo del clima.

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A partir de ese día mis cumpleaños fueron de princesas, mi colcha era de princesas, mis juguetes eran de princesas y hasta mis calzones eran de princesas. A mi en realidad no me molestaba porque al fin y al cabo los suéteres, rosas o no, seguían siendo látigos para jugar al zorro, las chamarras rosas igual eran útiles para ser jalada en los patines desde las bicicletas y los tenis rosas corrían igual de bien que cualquier otro.

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Sin que mis padres lo supieran, mis tías me llevaron al “terapeuta de niños” a ver si me podían componer y lograban que me interesara en la moda o en las muñecas, como toda niña de mi edad, pero la respuesta que mis tías obtuvieron, era que básicamente yo no tenía ningún problema, simplemente era muy segura de mí misma y no me importaba lo que los demás dijeran; lo que a mi me interesaba era divertirme y la adrenalina de las competencias, los pleitos, etc, que desde luego no podía tener con las niñas del edificio porque sólo se preocupaban por los pañalitos, la ropita o la carreolita de sus muñecas.

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Mis papás se emocionaron cuando le pedí a Santa Claus un carrito de súper, y como mi vecina C tenía uno de juguete, corrieron a juguetilandia de la bodega de Aurrerá a comprarme uno igual, que a su juicio me encantaría, tenía botes de leche en miniatura, frutitas de plástico, y hasta una caja registradora. Supongo que Santa Claus pensó que algo tan sofisticado, definitivamente me volvería más mujer.

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Al día siguiente mis papás me despertaron para que viera mi regalo con todo y cámara de video para grabar mi cara de sorpresa y emoción, pero lo único que lograron capturar fue mi enojo y frustración al ver el mini carrito de súper color rosa hecho de vil plástico; yo quería un carrito de súper de verdad, para aventarme por la bajada de la calle como había visto en una película en la tele.

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El momento clave de mi vida, fue cuando entrando a la adolescencia, hojeando una revista en casa de mis tías exclame que “estaba enamorada” y señalé la foto del objeto de mi deseo.

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-¡Pero si es Estefanía de Mónaco! –exclamaron al unísono.

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Yo de hecho, estaba segura de que era un hombre, recuerden que en los 80´s Estefanía estaba en su etapa rebelde, no usaba maquillaje, tenía el pelo corto como hombre y vestía como motociclista. Uff por un momento comencé a creer que tal vez si bateaba para el otro lado, ni hablar.

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En fin… mi familia decidió abortar la operación y quererme tal y como era.

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Después de todo resulté más mujer de lo que esperaban, aprendí a cocinar (y la verdad lo hago muy bien porque me encanta), me encantan los perfumes y las bolsas, tener mi casa linda y desde hace poco más de 6 años, comparto mi vida con el hombre de mis sueños, H.

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Lo que no me interesa en lo absoluto es usar zapatos de tacón, simplemente porque ver los pies llenos de juanetes de mis tías y primas me produce nauseas, tampoco uso faldas por que alguna vez, a diferencia de la Monroe que lo hizo a propósito y que de hecho le generó fama y fortuna, yo me pare bajo un respiradero y mi falda voló por los aires, sólo que yo únicamente obtuve los chiflidos de los albañiles de la construcción de enfrente y una nalgada de un imbécil que me siguió por dos cuadras (por supuesto que ese imbécil no podrá tener hijos) de algo me sirvió la “marimachés”.

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En fin, jamás seré una princesa ni me interesa serlo, aunque en mi cabeza yo soy la reina de mi universo, sólo quiero ser libre, viajar, divertirme, conocer, aventurarme, hacer amigos, vivir… como cuando tenía 8 años.

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Mantra de la semana: Hay que ser bien específico con lo que se pide a Santa Claus, al universo, al marido y al jefe, hay que ser bien específico con lo que se pide a Santa Claus, al marido, al universo y al jefe...

martes, 7 de diciembre de 2010

ZAPATOS DEL SOL

H y yo vamos muy seguido a Cuernavaca por cuestiones familiares, y este fin de semana no fue la excepción. Ahora, es bien sabido que, como dicen en mi tierra, a cualquiera que ve burro se le antoja viaje, por lo que mi amiga D me encargó que fuera al “Hotel del Sol” por unos zapatos que se le olvidaron en el cuarto.

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–D -Por favor, por favor Ana, ve por mis zapatos, te lo suplico, los amo, son unas sandalias Michel Domit que, aunque están ya viejitas, son las únicas de fiesta de jardín que tengo.

-Yo- Está bien, sólo porque me caes bien y porque cuando regrese, me tendrás una lasagna bolognesa como la que prepara tu mamá.

-D- Te lo prometo, será la más deliciosa del mundo.

-Yo- Está bien.

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El “Hotel del Sol” está prácticamente del otro lado de Cuernavaca de donde siempre vamos, sin embargo, ahí vamos Cr y yo por los …ches zapatos hasta el otro lado de la ciudad. Cuando llegamos al hotel, y después de esperar a que la recepcionista terminara con su estúpida llamada de “cuelga tú, nooo cuelga tú, bueno colgamos los dos, a la una, a las dos y a las tres… no cuelga tú…” y con jeta porque le eche mis ojos de machete de campo para que colgara ella en ese momento, nos atendió.

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-Recepcionista- ¿Qué se les ofrece?

-Cr- Venimos por unos zapatos que se le quedaron olvidados a la señorita D.

-Recepcionista- Aja ¿De qué color son?

-Yo- No tengo idea, pero estaban en la habitación de la señorita D.

-Recepcionista- Pues había 12 habitaciones reservadas con en ese nombre porque vinieron a una boda, tiene que ser más específica.

-Yo- Déme un segundo –dije mientras marcaba el celular de D.

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El teléfono sonó varias veces pero contestó el buzón de voz. Intenté en su casa pero me atendió la grabadora.

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-Yo –señorita no me contesta mi amiga pero…

-Recepcionista- Mire aquí tenemos muchísmos zapatos de todos los colores, modelos y marcas, me tienen que decir cómo son.

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Cr y yo nos volteamos a ver de manera sospechosa con sonrisa de “¿estás pensando lo mismo que yo?”

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-Recepcionista- Disculpen pero ya es mi hora del almuerzo, los va a atender mi compañero –dijo señalando a su relevo, que era idéntico a Shaggy de Scooby Doo.

-Shaggy- ¿En qué puedo servirles?

-Yo- Pues aquí la señorita nos iba a llevar a ver los zapatos que tiene porque nos mandaron a recoger 3 pares (codazo de Cr) 4 pares de zapatos que se quedaron olvidados la semana pasada.

-Shaggy –Está bien, pues síganme por favor.

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Cr y yo caminamos detrás de él riéndonos como niñas que se robaron un dulce en el supermercado. Al final del pasillo había una habitación con un letrero de “Objetos Olvidados”.

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Es increíble lo que la gente puede olvidar en los hoteles, a mí por ejemplo, me llamó la atención una enorme cuna de bebé…

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-Yo -¿Pero a quién demonios se le olvida la cuna de su hijo? ¿En qué demonios están pensando?

-Cr (atacada de la risa)- Eso no es nada, ven a ver esto…

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En el rincón había una muñeca inflable tamaño natural con la boca en forma de O y la cara parecida a Angelina Jolie. Cr y yo nos doblábamos de la risa. Seguimos caminando al fondo de la habitación, mientras pasábamos por varias maletas de diferentes tamaños y colores. Finalmente llegamos al área de los zapatos.

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-Cr (murmurando) –Dios mío, creo que estoy en el cielo, pellízcame porque no lo creo.

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En la pared había un enorme estante lleno de zapatos y botas de todos los números, estilos y colores. Yo estaba un poco apenada por lo que íbamos a hacer, mis papás me educaron bien, pero… por otro lado pensé, y casi puedo jurar que TODAS estaremos de acuerdo en esto, una mujer que olvida sus Jimmy Choo, no merece tenerlos Y PUNTO. Cierto es que el Hotel del Sol es el más caro de Cuernavaca y la gente de dinero de la Ciudad de México y sus alrededores, se hospedan siempre en él. siempre se hospedan ahí, en fin…

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Shaggy se disculpó porque escuchó la campanilla de la recepción sonar. Nos dio 5 minutos para tomar los zapatos y verlo en la recepción.

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-Cr -¡5 minutos! Es muy poco tiempo para escoger, digo, para buscar.

-Yo- Shhhh, sonriamos y comencemos a buscar.

-Cr- WOW mira estos D&G son lo máximo, ¿los tendrán en 4 1/2?

-Yo- Estos Chanel están de sueño… ¡Sí! Son mi número, yo me llevo estos.

-Cr- Yo ya escogí, me llevaré estos Weitzman que son sencillamente espectaculares, vámonos de aquí antes de que nos descubran o de que me despierte, porque creo que estoy soñando.

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No me dio tiempo de buscar los dichosos zapatos Michel Domit de D, así que agarre un par de sandalias de su talla y salí corriendo tras Cr.

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Shaggy nos entregó un neceser lleno de maquillaje de marcas carísimas, que alguien de la boda olvidó. Después de abrirlo y ver su contenido aceptamos llevarlo con nosotras.

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Al día siguiente, de regreso en casa, mi amiga D fue pronta a recoger sus zapatos a primera hora.

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-Yo- Te tengo una mala y una buena noticia.

-D- ¿Cómo? Primero la mala.

-Yo- Es que no te traje tus sandalias Michel Domit porque no las encontré.

-D (cargando el platón con lasagna) –Pero que poca madre, es lo único que te he pedido en años, que mala eres, y ahí esta tu pend…ja cocinado la maldita lasagna toda la mañana y tú no me puedes traer unos simples zapatos, bla bla bla…

-Yo –Ash ya cállate y escucha, créeme que me lo vas a agradecer-. Entonces comencé a narrarle la aventura de compras en el Hotel del Sol y al ver sus nuevas (bueno casi nuevas) sandalias Louboutin, dos lágrimas salieron de sus ojos.

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-D- Son preciosas, son increíbles y me quedan como guantes. Amiga te quiero, te adoro, eres la mejor amiga del mundo, yo jamás podría comprarme unos zapatos así, son, son… Y en ese momento me abrazó como si le hubiera pedido matrimonio y me entregó el platón de lasagna, prometiéndome darme uno cada viernes por el resto del año.

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P.d. D está planeando un viaje de compras al Hotel del Sol, para ver si hay por ahí una bolsa que combine con sus nuevos zapatos usados.

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Mantra de la semana- Las buenas acciones siempre serán recompensadas, las buenas acciones siempre serán recompensadas…

martes, 30 de noviembre de 2010

CHILAQUILES TELETON

Para empezar debo decir que me tengo absolutamente prohibido ver el Teletón, porque aunque no tenga un peso partido por la mitad, acabo donando hasta los chones, ayudando a Televisa y a otras empresas millonarias a evadir impuestos.

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La última vez que vi el Teletón, estaban narrando la historia de un niño de 13 años, que llamaremos B. El era brasileño y no podía mover los brazos ni las piernas, y sin embargo, jugaba fútbol trepado en un cochecito tipo “avalancha”. B jugaba y reía con Lucerito y enseñaba algunas suertes a Marco Antonio Regil, los conductores del

Teletón.

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Su historia iba que sus padres no tuvieron dinero cuando B nació para operarlo ni rehabilitarlo, por lo que ya era demasiado tarde, pero B aprendió a vivir con su discapacidad y ahora era un niño feliz con muchos amigos, y que viajaba por todo el mundo haciendo campaña y pidiendo donativos para que otros niños nacidos con su misma discapacidad, tuvieran la oportunidad de crecer con sus brazos y piernas funcionales. Yo desde luego lloré y lloré y doné y doné hasta que me quedé dormida pensando en qué haría yo si tuviera un niño como B.

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A la mañana siguiente, bajé por un vaso de agua tipo 6am, y cuando subía las escaleras de regreso, escuche un ronquido en la sala. Yo sabía que estaba sola, por lo que mi corazón comenzó a palpitar a mil por hora. En mi cabeza comenzó una lucha de película de terror de Pedro Fernández entre voltear y no, ya saben, en el cine al idiota que voltea o al que dice “separémonos” es al primero que se echan. Peeeeeero ganó mi instinto chismenino y me di la vuelta.

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Como en una película de dimensión desconocida, B estaba plácidamente dormido en uno de los sillones, junto con su padre, que también había salido en la tele la madrugada anterior. Yo me tallé los ojos y me bebí el agua de un sorbo pues no podía creer lo que veía, sin embargo, cuando abrí los ojos, el dinosaurio todavía estaba ahí, es decir, B aún estaba ahí dormido como angelito con todo y su cochecito deslizador.

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-¡Pero… pero si ni doné tanto! –pensé desconcertada.

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Yo no quise despertarlos, sin embargo, comencé a escuchar ruido en el patio trasero, así que decidí asomarme, con suerte me encontraría al Regil en paños menores, uno nunca sabe, es cosa de los sueños; porque aún dudaba si estaba bien despierta o era uno de esos sueños donde sueñas que estás dormido soñando y que cuando despiertas aún sigues dormido hasta que suena la verdadera alarma del algún reloj.

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Pero ahí estaba vivito y coleando mí hermano, corriendo de un lado al otro del patio como pollo sin cabeza, mordiéndose las uñas y arrancándose los pelos.

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Resulta ser que mi hermano trabajaba en televisa y fue “convocado” como voluntario para asistir a los invitados del Teletón. Con tanto movimiento de estrellas y de personas con necesidades especiales, el baboso perdió la clave de confirmación del vuelo de regreso a Brasil de B y su padre y el avión los dejó. El siguiente vuelo salía hasta las 12am pero iba lleno. Mi hermano, como siempre, estaba sin un centavo, pues todo se lo gastaba (o se lo gasta, ya no sé) en alcohol y juegos de XBox, por lo que no tuvo más opción que llevarlos a la casa.

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B y su padre se morían de frío y de hambre y como mi hermano y yo vivíamos solos y no nos llevábamos nada bien, casi nunca había nada en el refri ni en la alacena. Sin embargo, al ver su cara de “tengo en mi casa a Cleto ahora donde lo meto” decidí ayudarlo.

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Yo- Tú dedícate a arreglar el vuelo y yo veo que les preparo de comer y cómo los entretengo.

Hermano- Gracias, te juro que te debo una.

Yo sonriendo y respirando hondo hondo- Me debes ya varias…

Hermano- sí, sí ok, pero ésta nunca la voy a olvidar, de verdad, gracias.

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Fui a la cocina y lo único que encontré fue una bolsa de Doritos nachos y dos botellas de salsa la Costeña (una roja y una verde) y una lata de media crema Nestlé que apenas se había vencido hacía una semana.

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Yo pensé, tortillas + salsa + crema = chilaquiles, así que vacié todos los ingredientes en una olla y cuando estuvieron calientes los serví con un poco de crema y 10 gramos de queso rallado, que habían sobrado de los sopes de la noche. El platillo quedó como para foto de menú de Sanborns.

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Todos nos sentamos a la mesa y comenzamos a atacar los chilaquiles nachos. Debo decir que indiscutiblemente son los chilaquiles más maravillosos del planeta, si Dios (y Sabritas) ya se tomaron la molestia de cortar las tortillas en triángulos perfectos, freírlas, secarlas y aderezarlas, ¿por qué no aprovecharlas? En ese momento nacieron mis ahora famosos “chilaquiles Teletón” que siempre que hago son aplaudidos y alabados.

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El desayuno estuvo genial y B y su padre se devoraron los chilaquiles. Platicamos, hermanamos, cantamos, reímos y después hasta jugué fútbol con B hasta que fue hora de que mi hermano los llevara al aeropuerto para tomar su nuevo vuelo.

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El padre de B envió una carta al jefe de mi hermano agradeciendo las “espectaculares atenciones recibidas durante su estancia en México” y el exquisito desayuno proporcionado por el voluntario F y su “encantadora hermana” (osea yo) y la asistencia en el problema del vuelo que al final, según sus palabras, resultó una desafortunada maravilla.

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Yo de mi hermano recibí un “por lo menos les hubieras puesto pollo a los chilaquiles, van a pensar que somos pobres”, pero yo estaba tan extasiada por la experiencia, que apliqué lo que acababa de aprender de B, me volví una convenenciera de la vida, solo veo, leo, escucho y guardo lo que me conviene y me hace feliz, todo lo demás lo mando a mi carpeta de SPAM interior y asunto arreglado.

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P.d. Aún conservo la taza del Teletón que me regaló B y cada vez que tomo café recuerdo ese evento con mucho cariño, maravillada de lo espectacular que es la vida y lo poquito que necesitamos para ser felices.

P.d.2. Aún dono dinero al Teletón porque siento que algo ayudará a los niños, pero definitivamente ya no veo la televisión.

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Mantra de la semana: Debo tener cuidado con lo que pido porque se puede hacer realidad, debo tener cuidado con lo que pido porque se puede hacer realidad…

martes, 23 de noviembre de 2010

EL CHIP MALDITO

Como dice mi amiga C, esto de la tecnología es recio pal campesino, y sí, resulta que estamos en la era de los chips y los passwords, nada parece funcionar sin ellos, los cajeros, los teléfonos, las computadoras, los coches, los refris y yo estoy segura que hasta el cerebro de una que otra persona… ejem… sin ofender.
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El caso es que ahora en mi gimnasio es O-B-L-I-G-A-T-O-R-I-O comprar un maldito chip de 500 pesos que se programa con el nivel de esfuerzo personal, repeticiones, alcance, nivel de grasa, peso, estatura y creo que hasta la frecuencia con que tenemos relaciones sexuales, porque sí, el sexo quema muchas calorías o por lo menos eso dicen los nutriólogos modernos que por supuesto deben de ser hombres.

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El maldito chip es un pedacito de plástico de 5 cms x 3 cms que a primera vista parece inofensivo, es más, si uno lo viera tirado en la calle ni siquiera se molestaría en recogerlo, de hecho, es casi un hecho que lo pisaríamos sin notarlo, pero… adentro del gimnasio cobra un poder insospechado, es como la criptonita de Superman, que a primera vista es nomás un pedazo de piedra verde, aunque pensandolo bien, es como los nacos de las cadenas de los antros, que en el día son seres comunes y corrientes (más corrientes que comunes diría yo) pero de noche AGARRATE, se transforman en los “Dioses de la cadena” decidiendo el futuro de los comunes mortales con la simple frase: “Tú entras pero tus amigos no” o peor, al reves; yo me imagino que así debe ser San Pedro en la puerta del cielo, un cadenero ojeis que debe de estar tan ocupado que ni siquiera tendrá tiempo de leer los currículums de las personas que están formadas esperando entrar al paraíso, seguro los deja entrar si su túnica está limpia, sus alas pachonas y su arpa afinada, en fin, yo estoy ahorrando para comprarme una túnica Chanel, por si…

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El caso es que a diferencia de los cadeneros, el chip no responde al clásico parpadeo sexy de las mujeres, no se le puede sobornar, no se le pueden regalar botellas o chocolates, ni siquiera se puede tener una conversación razonable con él, si no vienes, tienes falta y se acabó la discusión; me recuerda mucho al reloj checador de mi ex trabajo.

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Pero eso no es todo, además no deja socializar, es un tirano, en cuanto una comienza a platicar con la de junto o a bajar el nivel de esfuerzo, el maldito le anuncia al mundo por medio de un foco amarillo que se enciende flasheando como alarma de banco, que una se está haciendo güey, alertando a la instructora a venir a jalarnos la oreja y gritarnos “más arriba, más rápido, más fuerte, más ritmo, más duro, más, más, más”.

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Hace una semana que ya nadie se saluda, apenas nos miramos con un levísimo asomo de sonrisa y sudor en la frente, me pregunto, ¿qué habrá pasado con el reflujo de M? ¿Finalmente habrá servido el jugo de nopal, rábano y limón?, o si el marido de J finalmente le compró una camionetota más grande que la que le compró a su secretaria, o si F se habrá podido ligar al mesero de Play City que tanto le gusta… estos y otros asuntos vitales que se discutían ampliamente en el gimnasio, ya nunca los sabré.

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Una vez que finalmente acabamos con la rutina de ejercicios, debemos dirigirnos al cómplice número 1 del maldito chip, LA COMPUTADORA CENTRAL. En ella se inserta el chip en una ranura especial y con un bip, bip, bipppppp, avisa a todos que se están descargando los resultados del ejercicio que realizamos y que se diagraman en una silueta de mujer. Entonces el maldito chip entra en acción de nuevo, chismosa y lastimosamente; los oblicuos laterales (a saber qué demonios son esos y para qué sirven) los ejercitaste únicamente al 86% de su capacidad, el esternoscleidomastoideo izquierdo al 67.3% de su capacidad, la nalga derecha la ejercitaste al 76.5%… pues muy mis esternoscleidos y muy mis nalgas ¿que no? Allá yo si parezco payasito de semáforo, muy mi gusto.

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Me dan ganas de gritarle que el cliente soy yo y que yo pago por venir al gimnasio porque “me gusta” o porque “quiero” y que YO SOY SU AMA, pero me da vergüenza convertirme en una de esas locas vagabundas que andan por ahí hablando solas o gritándole a los árboles y a los pájaros vestida con pantuflas y calcetines envuelta en una bata rosa que en algún tiempo fue pachoncita… Lo cierto es que estoy segura de que en algunos años los vagabundos y vagabundas callejeras del mundo le gritarán a los chips imaginarios y se negaran a darles su password a los enemigos inexistentes con los que ahora pelean.

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Yo por lo pronto haré una página de Facebook que diga: Todos los que estén en contra de que los chips gobiernen al mundo y a nuestros traseros, digan me gusta, y pensaré firmemente en cambiarme de gimnasio a uno menos tecnológico, dónde le puedas decir a la instructora que te torciste el tobillo por culpa de los nuevos y fabulosos tacones Prada (cuando en realidad tienes una cruda de tu tamaño) y cómo te entiende perfectamente, te de chance de no hacer sentadillas o que te de recomendaciones de cómo bajar de peso con la dieta del melón, la pechuga de codorniz o la orinoterapia… En fin…

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Mantra de la semana: Por mi estabilidad emocional, sólo debo acercarme a los chips de Barcel, por mi estabilidad emocional sólo debo acercarme a los chips de Barcel…

martes, 16 de noviembre de 2010

EL SEÑOR DEL NÚMERO 40

Es muy simpático vivir en una ciudad tan alocada, tan cosmopolita, tan grande y porque no decirlo, tan insegura como la nuestra. Sin embargo, este caos puede esconder experiencias y joyas que normalmente no viviríamos si no tuviéramos que andar poniendo atención en cada persona que se nos va a acercar a menos de 10 metros de distancia, de cada bache que hay en la calle, de cada crucero, de cada callejón oscuro y de cada gobernante… ejem, eso estuvo de más, ok.

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El caso es que aunque entro a trabajar a las 9am y por un atajo que H tuvo a bien enseñarme (yo juro que H fue taxista Hindú en su vida pasada) hago 15 minutos a la oficina. De cualquier manera debo salir a las 8 EN PUNTO de mi casa o el crucero de viaducto es materialmente imposible de pasar, casi como querer entrar al metro Balderas en hora pico en viernes de quincena previo a un puente, lloviendo como si los ángeles sufrieran incontinencia, con los microbuses en huelga, partido del América o del Cruz Azul en puerta y manifestación del SME, uff.

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Llegando a la Guadalupe Inn, me estaciono en una callecita junto a la oficina exactamente a las 8:15 y de esa hora a las 8:55, escucho las noticias, leo, o si me desvelé por uno de esos embotellamientos (ya ni tengo que explicar de cuales ¿verdad?), me duermo un rato, incluso llevo conmigo a “la babosa” una pequeña almohada de Mexicana de Aviación (que en unos años, si no se resuelve el conflicto valdrá una fortuna en Ebay) que ha estado conmigo más tiempo que H incluso.

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Justo donde siempre encuentro lugar, porque se lo pido al universo, que a veces no está ocupado y me hace caso, viven 3 ardillas que se la pasan correteando por las palmeras y los cables de luz, brincan de una rama a otra, de una azotea a otra y de una barda a otra. Ayer una de ellas se sentó en el cofre de mi coche a comer sus... lo que sea que coman las ardillas. Yo traté de no moverme y no respirar muy fuerte para poder observarla, lo cual duro 3.3 segundos porque como en toda ciudad escandalosa, paso el GAAAAAAAAAAAAAAAAASSSSSSSSS asustando a JLo, así la llamo porque tiene una cola enorme y me recuerda a Jennifer con sus abrigos de piel odiados por PETA.

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A las 8:55 camino hacia la oficina y antes de llegar, en el número 40 siempre está sentado en la puerta de su casa, el señor grrrrrrrr, meciéndose en una silla de ratán muy elegante. Él es un caballero de antaño, de aproximadamente 85 años que viste impecable; zapatos bicolor, pantalón perfectamente planchado, camisa blanca, chaleco a juego con el saco de pana con parches en los codos, una boina guinda y una pipa que jamás he visto prendida.

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Siempre lo saludo y lo único que dice es grrrrrrrr o a veces mmmmnrrhtmg. Yo sé que sí habla pues lo he escuchado hablar con las ardillas. Talvez no hable conmigo porque no tengo una cola enorme ni pantalones de piel para lucirla, en fin…

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El Señor grrrrrr observa quien pasa y quien no pasa y permanece inmóvil como una estatua de Don Quijote, cuidando a su dulcinea, es decir, la señora “aja”, (así responde ante cualquier pregunta o afirmación) y quien asumo es su esposa.

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El único momento en que el señor grrrrrrrr se mueve de su lugar, es cuando viene el cartero; en ese momento, cierra su puerta y se sienta junto a la ventana de la cocina, que tiene un letrero en cartulina que dice “Correo aquí”. Entonces pone las manos con las palmas hacia arriba para cachar las cartas que el cartero le tira por la ventana. Pasados 30 segundos, el señor grrrrrrr vuelve a su puesto de vigilancia, viendo pasar la vida tranquilamente, siempre elegante, siempre estático, siempre gruñendo.

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News flash: El proyecto en el que trabajaba terminó, por lo que vuelvo a formar parte de las estadísticas del desempleo. De cualquier manera, el mágico mundo de 9 a 6, reloj checador, cronogramas, time tables, diagramas de flujo, tablitas comparativas, etc., no es muy lo mío, o no lo sé, no me dio tiempo de averiguarlo.

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El cierre de operaciones fue tan inmediato que sólo me dio tiempo de agarrar mis galletas Marías, mi Clight de Limón, el muñequito de Shrek que me saqué en unas donas, y mi IPOD, antes de que “bajaran la cortina”; lo que voy a extrañar es recibir cada 15 días una lana puntual sin depender de nadie ni de nada, pero sobre todo lamentaré no haberle sacado ni una palabra al señor grrrrrr, ni siquiera una leve sonrisa tipo Monalisa, nada, en otra vida será…

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Sólo espero que el señor grrrrrr deje de ser un espectador inmóvil y se convierta en actor, de hecho, ojala se convierta en el actor principal de su película de vida; yo siempre he creído que NUNCA es tarde para hacer, aprender, practicar o conocer algo, como dicen por ahí, “El show debe continuar” y esto no se acaba, hasta que se acaba.

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Mantra de la semana: Lo único seguro en la vida, es que nada es seguro, lo único seguro en la vida es que nada es seguro…

martes, 9 de noviembre de 2010

UN DOMINGO CON LAURA

Hola! Hoy les voy a compartir un cuento que escribió mi Papá, que también le gusta escribir. Estoy haciendo un pequeño homenaje, primero porque es el mejor Papá del mundo y luego porque ya se vendó la primera edición de su libro "El cuidador Primario" de Tanatología. . ..... ............................................................................................................. ............................................................ Él tiene más imaginación que yo; siempre he creído que los cuentos son mucho más difíciles de escribir que una novela pues uno tiene unas pocas líneas para comunicar lo que tenemos en la cabeza, y si te hacen reír pufff estas del otro lado, pues la risa y el humor son la cura para básicamente cualquier mal. . ................................................................................................................................................................................ Lo mío, de hecho, son puras anécdotas o chocoaventuras como les dicen por ahí, que continuaré compartiendo la semana que viene. . ................... ......................................................................................................................................................... ¡Que lo disfruten! . ................................................................................................................................................................................................... . ................................................................................................................................................................................

Un Domingo con Laura

-Es domingo ¡tengo que apresurarme! -Es día de entrada libre a todas las secciones y la senda que me llevará a su lado esta siempre demasiado transitada por los dolientes de cada ocho días. A ella le disgusta la gente impuntual. Quiero llevarle las flores que siempre pide: una docena de claveles blancos, son sus preferidos.

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En el primer recodo del camino me espera mi viejo amigo el “Chemo”. Él también deambula por aquí todos los domingos. De la bolsa trasera de su agujereado pantalón extrae una anforita plateada para invitarme un trago de tequila y como es nuestra costumbre desde hace varios años, seguimos las señales que nos llevan directo a “La Capilla” que en su entrada luce un cartel luminoso que reza: “Sólo se admiten residentes permanentes”, mostramos nuestro gafete, y pasamos el control de acceso. En el interior saludamos a varios conocidos. Hoy me toca invitar. Bromeamos y reímos un buen rato recordando las gastadas anécdotas acumuladas en tantos domingos de acudir a este sitio.

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Él es el culpable de mi estadía en éste lugar -de lo que está muy orgulloso- sigue presumiendo que uno de sus mejores trabajos fue desaparecerme sin dejar huella por encargo de mi celosa esposa arrojando mi cuerpo al canal de aguas negras. Para cuándo me encontraron estaba irreconocible, fui a parar a la escuela de medicina donde los practicantes me hicieran pedacitos antes de enviarme al sitio de los no identificados.

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Matamos el tiempo comiendo y bebiendo mientras saboreamos el caldo de camarón, los taquitos de pollo y las cebollitas asadas con chiles toreados que nos sirven de botana esperando que abran las rejas de entrada a los sitios VIP.

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La “Capilla” es un antro muy animado y sumamente exclusivo con su clientela, esta especialmente acondicionado para que las personas se conozcan y la pasen bien. Aquí he ligado algunas veces, mí actual amarre es con la sexy Laura.

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En cuanto la vi en su vaporoso y transparente traje blanco, luciendo una diadema de flores blancas en su blonda cabellera, dejando entrever un cuerpo lleno y frondoso (no me gustan muy flacas) caí rendido ante su altivo y grácil porte. Ella no se hizo del rogar, nos enamoramos bailando al compás de la melodía que lleva su nombre interpretada por un saxofón triste y melancólico en la vieja rocola de discos de vinilo de 45 rpm. Es extraño que en el otro lado, mi esposa también se llame Laura.

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Al escuchar cómo se abren los accesos para poder circular por todas partes sé que llegó la hora de acudir a mi encuentro semanal.

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El “Chemo”, un poco más alumbrado que yo, se levanta tambaleante y colgado de mi hombro camina muy derechito hasta llegar al punto de la vereda dónde cada quien toma un rumbo distinto.

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-Nos vemos el próximo domingo-le digo

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-Si todavía andamos por aquí- me contesta. Es el mismo diálogo que usamos al despedirnos.

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Cargando mis flores llego a colocarlas a un lado de un descarapeládo macetero de cantera rosa donde todavía están floreando las del domingo anterior.

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-Gracias por venir y gracias por las flores- escucho su voz- ¡Siempre eres tan puntual!

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Sonrío y me sonrojo ante su elogio. -¿Porqué me pide esas flores para colocarlas en la tumba de su esposo?- Estoy tentado a preguntarle, pero en realidad me importa poco.

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Empieza a limpiar la fría piedra y a retirar las hierbas acumuladas a su alrededor. Levitando sobre ella me deleito al contemplar el movimiento de sus caderas y el de otras de sus beldades ansiando que acabe pronto, pero continúa lentamente con su labor hasta dejar brillante el letrero grabado en la lápida que dice:

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Carlos N. 1928--1958

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“Siempre llegó tarde, hasta el día de su muerte.

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Lo extrañamos… pero no mucho”

Su esposa e hijos

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Al terminar se arroja llorando a mis brazos, me cubre de ardientes besos y muchos apapachos. Después de dos que tres mordidas, tomados de la mano nos dirigimos a donde está su residencial mausoleo.

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-¿Vinieron tus hijos o tu esposa?- Me pregunta.

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-¡Cómo van a venir si no tienen la menor idea de dónde estoy!- le contesto.

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- Y tú- ¿Tuviste visitas?

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-Creí ver a Carlos, pero al darse cuenta que lo descubrí se fue volando a meterse en un florero y desapareció. A propósito, tengo una nueva vecina, también se llama Laura y quiere conocerte.

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- ¿Laura y quiere conocerme?

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-Sí, es una señora muy propia, educada y de buena familia: ¡Mira, es la que nos hace señas!

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Si no estuviera muerto, me moría en ese instante del susto. ¡Mi mujer!

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Salí volando de los recintos VIP escuchando los gritos de una Laura que decía muy disgustada

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- ¿Por qué te vas sin despedirte? - ¡Grosero mal educado!

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La otra Laura gritaba chillonamente - ¡Desgraciado, mujeriego, bueno para nada, ni muerto puedo dejarte solo!

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Llegué apresuradamente a la última fila de fosas de la sección de pobres paupérrimos dónde tengo mi perpetuidad y me guardé sin hacer mucho ruido. Mañana solicitaré formalmente ser exhumado para que me cambien de cementerio, pues en éste, se terminó la diversión.

martes, 2 de noviembre de 2010

HAY UN FANTASMA EN MI CASA

Mi papá siempre me ha dicho que para estar bien en un trabajo nuevo, hay que ganarse al contador, a la secretaria del jefe y al poli de la entrada, yo agregaría a la señora de la limpieza, no saben cuántas veces se me “borraron” archivos o se mojaron carpetas misteriosamente antes de descubrirlo.

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El caso es que, aplicando ese mismo principio a una casa nueva, yo diría que hay que llevarse bien con la vecina metiche, el de la basura y el fantasma de la casa.

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Una de esas veces que llegué a la casa tipo 3am, después de estar metida en un embotellamiento con mis amigas (de Merlot desde luego), me di cuenta de que las llaves habían sido abducidas por extraterrestres o habían ido a parar al limbo de las llaves, que por cierto está junto al de las tapas de los tupperwares y al lado del de los calcetines, simplemente no aparecieron por ningún lado.

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Yo procuro siempre tener el teléfono de un cerrajero 24 horas, porque creo que particularmente mis llaves y los boletos de estacionamiento les parecen especialmente atractivos a los aliens o a los chaneques, a saber... Sin embargo, como me cambié de casa al otro lado de la ciudad, Eusebio, mi cerrajero-ángel-de-la-guardia (así se pronuncia todo junto) me dejó, me abandonó como chacha de Oaxaca embarazada.

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Haciendo memoria, recordé haber pasado varias veces por una casetita de cerrajería, así que volví, apunté el celular de mi futuro nuevo ángel-de-la-guardia, que por suerte también era 24 horas y regrese a la casa.

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Yo- Dishculppppe señor pero es que no encuentro las ssshaves para entrar a mi casa, ¿usted puede venir a abrirme y hacerme unas copias?

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Cerrajero-Sí señorita, pero por la hora cobro $500, más las copias.

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Yo- ¿Qué? Quinientos pesos por unas tristes ssshaves, malditos extraterrestres, me van a dejar van bancarrota.

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Cerrajero- ¿Disculpe?

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Yo- Digo que esssstá bien, le mando la dirección por mensaje, pero toque fuerte porque sí tengo el control remoto del garage así que me meteré el cossssshe y estaré dentro muy al pendiente esperándolo.

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Cerrajero- Llegaré en 30 minutos.

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Desde luego en cuanto me acomodé dentro del coche, en 12.5 segundos estaba absolutamente perdida en un estado de minicoma etílico, es decir, profundamente dormida en los brazos de Morfeo, o más bien de Bacco.

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Después de 45 minutos me despertó un sonido a la distancia… ¡Pero quién demonios pone una y otra vez “déjenme si estoy llorando” a las 4 de la mañana, pero qué gente! Volví a acomodarme y la canción comenzó de nuevo a sonar una y otra vez, cada vez más aguda y más fuerte. En mi cabeza se empezaron a formar imágenes de la velada; yo brindando… yo bailando en la mesa con mis amigas… yo hablando con un desconocido (guapo o al menos eso creo), y yo… ¡claro intercambiando aplicaciones, fotos y timbres de celular con la del baño! Así que me di cuenta de que esa horrible música era mi celular que llevaba 20 minutos sonando. ¡El cerrajero!

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Cuando abrí la puerta, me encontré con el cerrajero, un hombre menudito de cabello negro chino, estaba inmóvil y empalidecido como un espectro.

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Yo- Disculpe sssseñor es que, no lo escuchaba porque el vidrio del coche se atoró y entonces no bajaba la ventana y no podía oír nada y al radio se le subió de volumen… eeeeen fin, que bueno que está aquí.

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Cerrajero- (sólo movía la cabeza).

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Yo- Pasé por aquí, mire es esa puerta.

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El cerrajero, Antonio, no decía ni una palabra sólo sacaba herramientas de su maletín negro y trabajaba con la cabeza agachada apurándose. Cuando se abrió la puerta, y en lo que me hacía las copias de las llaves, yo salí disparada al baño y por un refresco para ofrecerle. El cerrajero se relajó un poco y comenzamos a hermanar. Me platicó varias historias simpáticas de los lugares a los que había tenido que ir para abrir puertas, como un burdel, el despacho de un comandante de policía porque su amante se encerró dentro, la puerta del baño de un viejo departamento donde un gatito, que quién sabe cómo, se quedó encerrado, un supermercado “24 horas” que a saber porqué demonios tiene cerradura, etc.

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-Cerrajero- Por cierto, su mamá es un poco… ejem… no sé, un poco seria como enojona o celosa ¿verdad?

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-Yo- (Sorprendida) ¿mi mamá?

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-Cerrajero- Sí, cuando llegué, le marqué al celular y después de un rato me contestó su mamá, diciéndome con voz medio tenebrosa “A esta casa no vas a entrar mijito”… Yo ni siquiera le había dicho que hablaba el cerrajero pero supuse que usted le dijo que yo venía… entonces le expliqué que usted me llamó para abrirle la puerta y volvió a decirme “A esta casa tú nunca vas a entrar”. Entonces colgué y esperé unos minutos.

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Después volví a llamar y me volvió a contestar su mamá diciendo “Antonio, si entras a esta casa te vas a arrepentir y te la verás conmigo”. Yo la verdad, ya me asusté mucho porque por un lado yo no le había dicho mi nombre y por otro lado pensé, pues si la mamá está adentro porque no le abre y ya, además su voz no me sonaba común, era una voz como con eco y ronca, mire hasta se me pone la piel chinita de acordarme…

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-Yo- ¿Si te digo otra cosa prometes no espantarte?

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-Cerrajero- Claro que no, ya la conocí a usted y todo está en bien…

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-Yo- Mi madre murió hace un par de años y yo me acabo de cambiar a esta casa porque la anterior dueña murió de efisema…

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-Cerrajero (pálido de nuevo) a bueno, este… sabe…. quédese con las llaves, yo tengo otro servicio y este... adiós.

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Y salió disparado hacia la entrada dejando en el suelo parte de sus herramientas. Jamás volví a saber de él.

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Yo pensé en salir disparada tras de él, porque definitivamente el cerrajero sí marcó a mi celular pues tenía sus dos llamadas registradas, pero después pensé, tal vez la doña que vivía aquí sola, igual que yo, me está cuidando, quien sabe que intenciones traía el cerrajero… bueno, eso aunado a que la cabeza me daba vueltas como si me acabara de bajar de la canoa krakatoa de Six Flags y tenía tanto frío y sueño que solo quería meterme a la cama hasta pasado mañana. Así que le agradecí a la doña por cuidarme y prometí cuidar de su casa por el tiempo que yo viviera ahí, con tal de que nunca me visitara o me hablara por teléfono.

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Mantra de la semana: Debo revisar el identificador de llamadas antes de contestar, debo revisar el identificador de llamadas antes de contestar…